Una reflexión de Marco Aurelio sobre cómo los obstáculos también pueden formar parte del avance
Hay momentos en los que sentimos que algo se ha puesto en medio de nuestro camino. Un problema inesperado, una negativa, un retraso, una dificultad técnica, una conversación incómoda o una circunstancia que no habíamos previsto. Nuestra primera reacción suele ser pensar que aquello está impidiendo avanzar.
Y a veces es verdad. Hay obstáculos que frenan, cansan y obligan a cambiar planes. Pero también hay obstáculos que, con el tiempo, terminan revelando algo que no habríamos visto si todo hubiera salido como esperábamos.
Marco Aurelio dejó escrita una idea muy poderosa:
Lo que se interpone en el camino se convierte en el camino.
Me gusta esta frase porque no romantiza la dificultad. No dice que todo obstáculo sea positivo ni que debamos agradecer cualquier problema. Lo que plantea es algo más práctico: aquello que aparece en medio del camino no siempre es una interrupción del proceso.
Muchas veces imaginamos el crecimiento como una línea clara. Pensamos que avanzar consiste en ir del punto A al punto B de la forma más directa posible. Pero la vida rara vez funciona así. Los proyectos cambian, las personas cambian, los planes se complican y las decisiones que parecían evidentes dejan de serlo.
Entonces aparece la frustración. Queríamos avanzar, pero algo se interpone. Queríamos claridad, pero aparece incertidumbre. Queríamos velocidad, pero la realidad nos obliga a detenernos.
Y en ese momento solemos pensar que algo va mal, cuando quizá simplemente estamos entrando en la parte del camino que realmente nos va a mejorar.
Esto ocurre mucho en el trabajo. Un proyecto que se bloquea puede obligarnos a pensar mejor la estrategia. Una crítica puede mostrarnos un punto ciego. Una oportunidad que no llega puede obligarnos a construir otra. Una dificultad puede revelar que estábamos avanzando sin suficiente estructura, sin suficiente criterio o sin una dirección demasiado clara.
El obstáculo no siempre es el enemigo. A veces es una señal.
Por eso esta frase de Marco Aurelio tiene tanta fuerza. Nos invita a dejar de preguntar solo “¿cómo elimino esto?” y empezar a preguntar también “¿qué me está mostrando esto?”.
La diferencia es importante. Cuando solo queremos eliminar el obstáculo, lo vivimos como una molestia. Cuando intentamos comprenderlo, puede convertirse en información. Y la información, si sabemos leerla, puede ayudarnos a tomar mejores decisiones.
No se trata de resignarse. Se trata de cambiar la relación con la dificultad. Hay obstáculos que deben superarse, otros que deben rodearse y otros que nos obligan a reconocer que quizá estábamos intentando ir por un camino que ya no tenía sentido.
En todos los casos, el obstáculo nos exige presencia. Y quizá ahí está su valor.
Mi reflexión
Cada vez estoy más convencido de que muchas dificultades no vienen únicamente a frenarnos, sino a obligarnos a mirar mejor. A veces nos muestran una debilidad del proyecto. Otras veces una falta de claridad. Otras, simplemente, nos recuerdan que no todo depende de nuestra voluntad.
Hay una pregunta que me ayuda cuando algo se bloquea:
¿Este obstáculo me está impidiendo avanzar o me está enseñando cómo debo avanzar?
No siempre es fácil distinguirlo. Cuando uno está dentro del problema, lo primero que aparece suele ser la incomodidad. Pero con algo de distancia, muchas dificultades empiezan a tener otra lectura.
A veces aquello que parecía un desvío termina siendo una corrección necesaria. A veces lo que parecía una pérdida de tiempo nos evita un error mayor. Otras veces lo que parecía un muro nos obliga a desarrollar una capacidad que aún no teníamos.
Quizá por eso esta reflexión de Marco Aurelio sigue siendo tan útil. Porque nos recuerda que avanzar no siempre consiste en quitar todo lo que molesta. A veces consiste en aprender a trabajar precisamente con eso que ha aparecido en medio.
El camino no siempre se abre cuando desaparece el obstáculo. A veces empieza justo ahí.
Cada época tiene sus problemas. Pero algunas preguntas llevan acompañándonos miles de años.
Por eso sigo encontrando valor en estas ideas antiguas.
No porque nos digan exactamente qué hacer, sino porque nos obligan a pensar con más calma, más criterio y más perspectiva sobre los desafíos que afrontamos hoy.


Deja una respuesta