Quien vence a los demás es fuerte quien se vence a sí mismo es poderoso

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Retrato clásico de Lao Tse junto a una montaña y una figura meditativa representando la reflexión "Quien vence a los demás es fuerte; quien se vence a sí mismo es poderoso".
30 Ideas Antiguas para Problemas Modernos. Día 21 · Lao Tse. Problema moderno: querer controlar el mundo antes de aprender a gobernarnos a nosotros mismos.

Una reflexión de Lao Tse sobre la diferencia entre imponerse fuera y gobernarse por dentro

Vivimos en una cultura que suele admirar mucho la fuerza visible. Admiramos a quien gana, a quien se impone, a quien consigue resultados, a quien convence, a quien domina una situación o a quien parece tener siempre la respuesta adecuada. Desde fuera, esa forma de fuerza resulta fácil de reconocer, porque se ve, se mide y muchas veces se celebra.

Pero hay otro tipo de fuerza mucho menos visible y quizá bastante más difícil: la de gobernarse a uno mismo.

Lao Tse lo expresó con una frase muy clara:

Quien vence a los demás es fuerte; quien se vence a sí mismo es poderoso.

La frase distingue dos niveles. Vencer fuera puede requerir habilidad, carácter o determinación. Pero vencerse a uno mismo exige algo más silencioso: observar los propios impulsos, reconocer las propias contradicciones, sostener una decisión cuando nadie la aplaude y actuar de acuerdo con algo más profundo que el deseo inmediato.

Y eso no suele resultar cómodo.

Es más fácil señalar lo que otros deberían hacer que revisar lo que nosotros repetimos. Es más fácil querer cambiar una situación externa que cambiar nuestra manera de responder ante ella. Es más fácil exigir disciplina a los demás que sostenerla en nosotros cuando estamos cansados, distraídos o frustrados.

La verdadera dificultad no siempre está fuera. Muchas veces está en lo que hacemos con nosotros mismos.

Esto se ve en cosas muy cotidianas. Sabemos que deberíamos descansar mejor, pero seguimos agotándonos. Sabemos que cierto hábito nos perjudica, pero lo repetimos. Sabemos que una reacción nos aleja de la persona que queremos ser, pero volvemos a caer en ella. Sabemos que necesitamos foco, pero seguimos regalando atención a cualquier estímulo.

No falta información. Falta dominio.

Y quizá por eso esta frase tiene tanta vigencia. Porque vivimos rodeados de herramientas para controlar cosas externas: agendas, aplicaciones, métricas, sistemas, automatizaciones, estrategias. Todo eso puede ayudar. Pero ninguna herramienta sustituye la capacidad de gobernar nuestra propia conducta.

La autodisciplina no tiene que ver con vivir de forma rígida ni con castigarse constantemente. Tiene que ver con aprender a no obedecer cualquier impulso que aparece. Con poder decir no a lo que nos aleja de lo importante. Con poder sostener una decisión cuando la emoción del momento empuja en dirección contraria.

Ese tipo de poder no suele hacer ruido. No se anuncia. No necesita demostrar demasiado. Pero cambia profundamente una vida.

Porque una persona que no se gobierna a sí misma termina siendo gobernada por su cansancio, su miedo, su deseo de agradar, su necesidad de reconocimiento o su incapacidad para esperar.

Y eso, aunque desde fuera pueda parecer libertad, muchas veces es otra forma de dependencia.


Mi reflexión

Cada vez me parece más valiosa la gente que tiene dominio sobre sí misma sin convertirlo en dureza. Personas que saben parar, responder con calma, cumplir lo que se prometen, sostener un criterio y no dejarse arrastrar por cada emoción del momento.

Justo ayer yendo en coche tuve que frenar de golpe porque salía humo de un árbol. Bajé y como pude me puse a apagarlo. Me ayudó mi mujer, un ciclista y otro coche que se paró.

Ahí se quedó todo. En una experiencia positiva. Te sientes satisfecho. Útil. De saber que no pasó nada grave, de que actuaste rápido pero no me llevaría a nada si me pusiera a hablar de ello en las redes.

Por que hoy en día se retransmite todo. Y parece que todos somos héroes por poco que hagamos. Es la necesidad de adulación y esa a mi no me interesa.

No hablo de perfección. Porque precisamente lo estoy hablando aquí pero no quiero que nadie me adule, es un ejemplo de que nadie se gobierna siempre bien. Hablo de esa capacidad de volver a uno mismo cuando algo intenta sacarnos de centro.

Hay una pregunta que me parece útil cuando quiero revisar mi propia disciplina:

¿Qué parte de mí está tomando esta decisión: mi criterio o mi impulso?

La respuesta puede aclarar mucho. Porque no todas las decisiones que tomamos son realmente nuestras. Algunas nacen del miedo. Otras de la prisa. Otras de la comparación. Otras del deseo de evitar una incomodidad inmediata.

Vencerse a uno mismo no significa reprimirse. Significa no vivir a merced de cualquier impulso. Significa construir una distancia suficiente entre lo que siento y lo que decido hacer con eso que siento.

Quizá ahí esté una forma profunda de poder. No en controlar más cosas fuera. Sino en depender un poco menos de nuestras propias reacciones automáticas.


Cada época tiene sus problemas. Pero algunas preguntas llevan acompañándonos miles de años.

Por eso sigo encontrando valor en estas ideas antiguas.

No porque nos digan exactamente qué hacer, sino porque nos obligan a pensar con más calma, más criterio y más perspectiva sobre los desafíos que afrontamos hoy.

 


Este artículo forma parte del blog de Victor Camon: ideas prácticas sobre creatividad aplicada y mejora continua para pensar mejor, decidir con más criterio y vivir/trabajar con menos fricción.


¿Qué te llevas de esto? Si quieres, deja tu punto de vista o una experiencia. Te leo.

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